Salmo 55 : Oración poderosa para protegerse del peligro

Si eres objeto de traición de tus aliados, supone un gran dolor para quien lo sufre. Fue el caso de David, no se podría haber imaginado que su propio hijo y su hombre de confianza se rebelaran en su contra. Pero su confianza en Dios era grande y no se debía dejar derrotar, a pesar de que subió hasta los olivos a llorar con amargura.

En el Salmo 55, David nos revela una gran lección, a pesar de haber sufrido una de las situaciones mas desastrosas en su vida, el decidió ir a adorar a Dios y confortarse en su regazo. Esto nos enseña que no debemos temer al enemigo, por mas sorpresiva que sean las circunstancias y que vengan de donde vengan.

Sólo debemos acudir a él, para obtener la ayuda que necesitamos para reponernos y enfrentar a los traidores. Su poder es tan grande que puede eliminar al enemigo con sólo un soplo, confiemos en su determinación, el nos protegerá. Así como lo hizo David, debemos orar en la mañana, al mediodía y en la noche para derrotar al enemigo.

2 Oh Dios, pon atención a mi plegaria no desatiendas mis súplicas.

3 Atiéndeme y respóndeme: me agito lamentándome y gimiendo,

4 al oír la voz del enemigo y las amenazas del impío.

5 Con sus aullidos me ensordecen y me persiguen con alevosía.

6 Mi corazón se estremece en mi pecho, una angustia mortal me sobrecoge; me invaden el miedo y el terror y el pavor me atenaza. Y yo dije:

7 Si tuviera alas de paloma volaría a donde pudiera posarme.

8 Huiría muy lejos, y pasaría la noche en el desierto.

9 Buscaría un asilo a toda prisa contra la tempestad y contra el viento.

10 Dispérsalos, Señor, confúndeles las lenguas, pues violencia y discordía he visto en la ciudad;

11 rondan por sus murallas día y noche y dentro están la injusticia y el crimen.

12 El mal aloja en ella; de su plaza no se alejan la astucia y el engaño.

13 Si llegara a insultarme un enemigo, yo lo soportaría; si el que me odía se alzara en contra mía, me escondería de él;

14 mas fuiste tú, un hombre como yo, mi familiar, mi amigo,

15 a quien me unía una dulce amistad; juntos íbamos a la casa de Dios en alegre convivencia.

16 Que la muerte los sorprenda, que bajen vivos al lugar de los muertos, pues el mal se cobija en su interior.

17 Pero yo clamo a Dios y el Señor me salvará.

18 De tarde, de mañana, al mediodía, me lamento y me aflijo y escuchará mi voz.

19 Me dará la paz, me sacará del combate, aaunque muchos estén en contra mía.

20 Dios atenderá y los humillará, el que reina desde siempre. ¿Podrán convertirse si no temen a Dios?

21 Alzan la mano contra sus amigos, no cumplen sus compromisos,

22 su boca es mas untuosa que una crema pero su corazón es agresivo; sus palabras, mas suaves que el aceite, son espadas desenvainadas.

23 Descarga en el Señor todo tu peso, porque él te sostendrá; no dejará que el justo se hunda para siempre.

24 Tú, oh Dios, los echarás al pozo de la muerte los hombres sanguinarios y embusteros: no llegaran a la mitad de su vida, pero yo, confío en ti.