Salmo 51 Católico

El perdón de nuestros pecados es uno de los mayores regalos que nuestro Señor siempre está dispuesto a otorgarnos, tal como lo enseña el hermoso Salmo 51, que nos muestra cómo podemos pedir perdón y por la limpieza de nuestra alma y de nuestro corazón, para la absolución completa de nuestros pecados.

Pero para que nuestro Padre nos perdone y nos de su absoluta redención, debemos acudir a El arrepentidos y dispuestos a cambiar lo que sea necesario para que nos volvamos a caer en peligros y en tentaciones que nos hagan volver a fallar, reconociendo que nuestras fallas fueron una ofensa a nuestro Señor.

Solo con el perdón, es posible conocer las promesas que nuestro Señor hizo para nosotros, por eso siempre puedes acudir a este salmo para hablar con nuestro Padre y ofrecerle tu alma, tu corazón y tu vida por el perdón de tus ofensas hacia él.

Salmo 51 Católico

3 Ten piedad de mí, oh Dios, en tu bondad, por tu gran corazón, borra mi falta.

4 Que mi alma quede limpia de malicia, purifícame tú de mi pecado.

5 Pues mi falta yo bien la conozco y mi pecado está siempre ante mí;

6 contra ti, contra ti sólo pequé, lo que es malo a tus ojos yo lo hice. Por eso en tu sentencia tú eres justo, no hay reproche en el juicio de tus labios.

7 Tú ves que malo soy de nacimiento, pecador desde el seno de mi madre.

8 Mas tú quieres rectitud de corazón, y me enseñas en secreto lo que es sabio.

9 Rocíame con agua, y quedaré limpio; lávame y quedaré mas blanco que la nieve.

10 Haz que sienta otra vez júbilo y gozo y que bailen los huesos que moliste.

11 Aparta tu semblante de mis faltas, borra en mí todo rastro de malicia.

12 Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, renueva en mi interior un firme espíritu.

13 No me rechaces lejos de tu rostro ni me retires tu espíritu santo.

14 Dame tu salvación que regocija, y que un espíritu noble me dé fuerza.

15 Mostraré tu camino a los que pecan, a ti se volverán los descarriados.

16 Líbrame, oh Dios, de la deuda de sangre, Dios de mi salvación, y aclamará mi lengua tu justicia.

17 Señor, abre mis labios y cantará mi boca tu alabanza.

18 Un sacrificio no te gustaría, ni querrás si te ofrezco, un holocausto.

19 Mi espíritu quebrantado a Dios ofreceré, pues no desdeñas a un corazón contrito.

20 Favorece a Sión en tu bondad: reedifica las murallas de Jerusalén;

21 entonces te gustarán los sacrificios, ofrendas y holocaustos que se te deben; entonces ofrecerán novillos en tu altar.