Salmo 40 Católico

Los pecados que hemos cometido en nuestra vida, son una falta grave para con nuestro Señor, pero la misericordía de Jehová es infinita y si tu acudes a el arrepentido de todas tus malas acciones, nuestro Señor perdonara todos tus pecados y limpiara tu nombre, de esto habla el hermoso Salmo 40.

Este salmo habla de cómo Jehová escucha nuestras oraciónes y nos ayuda a salir del abismo donde estamos metidos y nos levanta de nuestras ruinas, para que comencemos a vivir de acuerdo a sus enseñanzas y caminemos por el sendero que el nos indique, protegiéndonos de volver a caer en pecado.

Que mejor certeza podemos tener, de saber que Jehová nos mirara con ojos misericordiosos y nos dará su perdón sin importar el pecado que hayamos cometido, siempre habrá esperanza para todos aquellos que confíen en el Señor y que crean fervientemente en la salvación que Jehová nos ha prometido.

Salmo 40 Católico

2 Esperaba, esperaba al Señor, él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor,

3 me sacó de la fosa fatal del barro del pantano; puso mis pies sobre roca y aseguró mis pasos.

4 Puso en mi boca un cántico nuevo, de alabanza a nuestro Dios. Muchos al verlo temerán y pondrán su confianza en el Señor.

5 Feliz el hombre que cuenta con el Señor, que no escucha a los cínicos ni se pierde en sus mentiras.

6 ¡Cuántas maravillas has hecho, Señor, mi Dios, cuántos proyectos en favor nuestro! Nadie se te puede comparar. Yo quisiera publicarlas y contarlas, pero son demasiado para enumerarlas.

7 No quisiste sacrificios ni ofrendas- lo dijiste y penetró en mis oídos- no pediste holocaustos ni víctimas.

8 Entonces dije: “Aquí estoy, de mi está escrito en el rollo del Libro.

9 He elegido, mi Dios, hacer tu voluntad, y tu Ley está en el fondo de mi ser”.

10 Publiqué tu camino en la gran asamblea, no me callé, Señor, tú bien lo sabes.

11 No encerré tus decretos en el fondo de mi corazón: proclamé tu fidelidad y tu socorro. No oculté tu amor y tu verdad en la gran asamblea.

12 ¡Tú, Señor, no me niegues tu ternura, que tu amor y tu verdad me guarden siempre!

13 Me rodean desgracias incontables, mis culpas recaen sobre mí y no hay salida, son mas que los cabellos de mi cabeza y me falla el corazón.

14 Dígnate liberarme, Señor, Señor, ven pronto a socorrerme.

15 ¡Queden avergonzados y humillados todos los que atentan contra mi vida; que retrocedan confundidos los que se alegran con mi desgracia!

16 Que se escondan de vergüenza los que dicen: “¡Esta vez lo pillamos!”

17 Pero que en ti se alegren y regocijen todos los que te buscan, y que repitan siempre: “¡Dios es grande!” los que desean tu salvación.

18 ¡Piensa en mí, oh Dios, en mí que soy un pobre y desdichado! ¡No te demores, mi Dios, pues tú eres mi socorro y salvación!