Salmo 25 Católico

En el salmo 25, David le pide al Señor tres cosas: que lo guie, que lo perdone y que lo proteja. De la misma forma, tú puedes pedirle a nuestro Dios las mismas cosas, cuando estas a punto de afrontar un camino nuevo en tu vida, ya sean un nuevo trabajo o una nueva casa.

Los cambios en nuestra vida pueden generar miedo, sobre todo cuando son repentinos, pero en este hermoso salmo, se suman todas las peticiónes necesarias que debemos confiar al Señor, para que él nos ampare en ese nuevo camino que debemos recorrer.

Si has estado llevando una vida de excesos y ahora quieres ser una persona de bien y un buen hijo de Dios, el Salmo 25 es el indicado para que le pidas a Dios su perdón, para que comiences un nuevo rumbo con su presencia, para que lleves una vida santa de ahora en adelante.

Salmo 25 Católico

2 A ti, Señor, elevo mi alma, a ti que eres mi Dios. En ti he confiado, que no quede avergonzado ni se rían de mí mis enemigos.

3 Los que esperan en ti no serán confundidos, pero sí lo serán quienes te mienten.

4 Haz, Señor, que conozca tus caminos, muéstrame tus senderos.

5 En tu verdad guía mis pasos, instrúyeme, tú que eres mi Dios y mi Salvador. Te estuve esperando todo el día, sé bueno conmigo y acuérdate de mí.

6 Acuérdate que has sido compasivo y generoso desde toda la eternidad.

7 No recuerdes las faltas ni los extravíos de mi juventud; pero acuérdate de mí según tu amor.

8 El Señor es bueno y recto; por eso muestra el camino a los que han pecado.

9 Dirige los pasos de los humildes, y muestra a los sencillos el camino.

10 Amor y lealtad son todos sus caminos, para el que guarda su alianza y sus mandatos.

11 ¡Rinde honor a tu nombre, Señor, y perdona mi deuda, que es muy grande!

12 En cuanto un hombre teme al Señor, él le enseña a escoger su camino.

13 Su alma en la dicha morará, y sus hijos heredarán la tierra.

14 El secreto del Señor es para quien lo teme, le da el conocimiento de su alianza.

15 Mis ojos nunca se apartan del Señor, pues él saca mis pies de la trampa.

16 Mírame y ten compasión de mí, que estoy solo y desvalido.

17 Afloja lo que aprieta mi corazón y hazme salir de mis angustias.

18 Contempla mi miseria y mi fatiga y quítame de encima todos mis pecados.

19 Mira cuántos son mis enemigos y con qué odio violento me persiguen.

20 Defiende mi vida, líbrame: no quede confundido de haber confiado en ti.

21 Integridad y rectitud me guardarán, en ti, Señor, he puesto mi confianza.

22 Oh Dios, redime a Israel de todas sus angustias.